La Visión Digital

En los tiempos que corren urge tener a la innovación como política fundamental en nuestra empresa, negocio, u organización. Los usuarios/consumidores son cada vez más exigentes, y confían también cada vez más en las facilidades que brindan las tecnologías de vanguardia. Un productoincorrectamente comunicado es un producto que será descartado, una marca sin presencia correcta en la web está condenada al olvido en una sociedad cuya atención es excesivamente volátil, una organización sin estrategia comunicacional digital irá poco a poco bajando su nivel de asociados hasta acabar bajo el mismo puente en el que se calientan las manos y beben licor barato los Blockbuster.

En los tiempos que corren urge tener a la innovación como política fundamental en nuestra empresa, negocio, u organización. Los usuarios/consumidores son cada vez más exigentes, y confían también cada vez más en las facilidades que brindan las tecnologías de vanguardia. Un productoincorrectamente comunicado es un producto que será descartado, una marca sin presencia correcta en la web está condenada al olvido en una sociedad cuya atención es excesivamente volátil, una organización sin estrategia comunicacional digital irá poco a poco bajando su nivel de asociados hasta acabar bajo el mismo puente en el que se calientan las manos y beben licor barato los Blockbuster.
Los formatos físicos han perdido no sólo su viabilidad en términos de consumo musical o audiovisual: las relaciones humanas se han trasladado al plano digital estrepitosamente también. Por ejemplo, podríamos decir que cuando una pareja de novios se escribe mensajes y se envía emoticons a través de su celular vía Whatsapp, el concepto de “relación entre dos personas” puede ser sustituído (en términos de mercado, claro) por el de “interacción entre dos USUARIOS de la EMPRESA Whatsapp”, y eso es un mérito de las empresas que han capitalizado y han tenido lo que podemos definir cómo Visión Digital. Esto significa que sí las relaciones personales íntimas se ven atravesadas transversalmente por las empresas de servicios digitales, sus hábitos de consumo necesariamente se dirigirán (y de hecho lo hacen) por el mismo camino. El porcentaje de venta online crece exponencialmente al punto que las empresas venden más a través de la web que en su propia tienda física (auge de ecommerce), así cómo en el ámbito de las ONG vemos cada vez más que los asociados devienen en “suscriptores” de las plataformas digitales que ésta utilice.
Lo vemos en el terreno de lo político también, como es lógico: hoy los partidos gobernantes de vanguardia son los que han capitalizado las redes sociales y han desarrollado correctamente estrategias publicitarias, adaptándose a que sus “votantes” hoy son “usuarios consumidores”, mientras que los partidos tradicionales que mantienen el modo Siglo XX se ven desperdigados, divididos, y pierden año a año sus posibilidades de acceder al poder, es decir, en términos de marketing, a copar el MERCADO.
En síntesis, la digitalización es, más que un deseo o una visión u otra arista de los servicios, una realidad presente y trasversal a la vida humana toda, y quedar fuera de ella implica quedar obsoleto, lo cuál no es ni por asomo otra cara de la moda vintage si no un modo de autoexclusión del mercado que lleva necesariamente a la quiebra comercial. Una empresa moderna, digitalizada, es una empresa que vive.
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